rubén blades es un pendejo…
Miércoles, Febrero 13, 2008 por omnia mutantur…porque le faltó contarnos sobre otras decisiones
…porque le faltó contarnos sobre otras decisiones
…y aunque me sabe mejor y menos a domingo, sigue siéndolo. En fin.
Febrero fue un mes sin domingos. Mitad de espera ansiosa y mitad de certezas alegres, de abrazos cálidos y de paseos de redescubrimiento de una ciudad que permanece gris todo el año, cual domingo por la tarde; pero este año se coloreó intensamente y hasta se musicalizó. Marzo me dejó con los brazos extendidos para un futuro encuentro desparramado entre el norte y el oeste. Febrero merece sonrisas; marzo, el dibujo de nuevas esperanzas. No hay domingos últimamente, tampoco los extraño. Aunque sí hubo nubarrones y no supe evitarlos.
Fin de semana que se fue en un soplo de la mano de la amistad, una amistad que construida desde la virtualidad se corporizó. Ningún domingo, ninguna melancolía, ninguna tristeza. Sólo felicidad, contentura, certeza de que el modelo que armé con la distancia adquiere forma en la proximidad, y que no es tan distinto uno del otro. Época alegre esta… y no, no te extraño melancolía dominical.
Va de un viernes al jueves siguiente. No es completa y la falta de redondez de este tiempo hace que sea un poco peor. La meta, cambiada, sigue allá. Mientras tanto yo acá, moviéndome al ralenti de la distancia temporal para atravesar, por fin, la distancia espacial.
Sólo faltan catorce días para vernos la cara, para tener la certeza del modelo que hemos armado durante casi un año. Es raro, no es algo nuevo, pero tiene la emoción del descubrimiento… No hay motivo para melancolía, ni para angustia, ni para tristeza, ni para la introspección… Sólo hay tiempo para la espera, para la ansiosa espera. No falta nada para estrecharlos en una bienvenida.
Tener la tranquilidad de poder perderme en los abismos de mi alma y tener un puerto seguro a donde volver cuando huya de mis demonios y poder volver a recuperar mi tranquilidad y volver a empezar contigo, oscuridad mia…por siempre.
Antes de que me duelas en todo el cuerpo robo el canto de las cigarras. Agoto la distancia de océano que queda entre tus palabras y las mías agotando este resto de llanto que me queda. Robo el canto cuando hiede al recuerdo de una voz que habita una ventana que no he visto: oscurece, azul, cada tarde, mientras un jardín se asoma en el canto de las cigarras. Nunca he dejado ese lugar irreal que no existe porque no he visto: ahora me pertenece y sólo tú lo sabes.
Te mueres de la rabia. No sabes cómo cautivarme. Tus juegos seductores no están en sincronía con mi ánimo. He venido sólo para decirte que no estoy triste, ni abrumada; tampoco le he abierto la puerta a la nostalgia, menos a la melancolía. El día está azul, el aire puro… Hace tiempo que no me sentía tan bien en una atmósfera “saludable”.
Me siento contenta, casi feliz. Pero no dejo de pasarme por acá, para que sepas que tienes que seguir guardándome un lugarcito, pues temo que este sentimiento tan chévere, además, sea efímero.